sábado, 12 de febrero de 2011

Lo que ellas no pueden decir

Por Martín Estévez

Ayer, después de pensarlo durante mucho tiempo, descubrí por qué las mujeres no pueden pronunciar correctamente la palabra fútbol: porque no hay ningún otro término que junte a la T con la B. Los hombres aprendemos a decir fútbol desde pequeños, es una palabra propia de nuestro idioma. Para las mujeres, en cambio, es extranjera, la aprenden de grandes. Para ellas, decir fútbol es como decir knowledge, bonjour o spasiva: no pueden pronunciarla sin que se les note la tonada.

Hágase la siguiente prueba: pídasele a un hombre y a cinco mujeres que digan “me gusta el fútbol”. Mientras el varón lo dirá con naturalidad innegable, ellas balbucearán cosas como fúdbol, fúlbol o la versión más popular de todas, fut-bol, acentuando con tanta fuerza sobre la letra T que terminan partiendo la palabra en dos. No es su culpa: es que no la aprendieron de chiquitas.

Si existieran en español palabras como atbolución, retbar o solutbo, las cosas serían de otro modo: ellas juntarían la T con la B desde la infancia y luego pronunciarían fútbol sin problemas. Pero no: mientras nosotros decíamos “quiedo jugad al fútbol”, ellas decían Barbie, vestido y princesa. Ninguna lleva una T y una B juntas. Gracias a la masificación de la netbook, tal vez en el futuro las mujeres puedan decir fútbol sin tartamudear en el intento.

No es discriminación de género, de verdad. A mí no me molesta que vayan a la cancha, ni que intenten jugar, ni que opinen sobre el sistema táctico del Eintracht Frankfurt. Es simplemente un detalle cultural inevitable y absoluto. Terminante. Una mujer puede mirar todos los partidos del mundo, leer el Olé y hacer el curso de directora técnica, pero nunca podrá entender lo que genera el fútbol en un hombre. Es como, para nosotros, intentar entender el dolor de ovarios.

La década que les sacamos de ventaja, desde el nacimiento hasta cumplir diez, es indescontable. Hasta los diez años, una chica no descubre la existencia del fútbol. Hasta los diez años, un varón no descubre otra cosa que no sea el fútbol.

Cuando yo no me sabía las tablas de multiplicar, ya conocía ocho equipos de Suiza. Con mi primo armábamos torneos internacionales de 32 o 64 clubes, a partidos de ida y vuelta, y gritábamos como propios los goles del Malmö de Suecia que metíamos en el patio de casa. Gracias al álbum de figuritas del Mundial ’90, por ejemplo, descubríamos que en Camerún había un equipo llamado Cannon Yaoundé.

--Anotalo, juega nuestro próximo campeonato --me decía Mati, y enseguida lo sumábamos al sorteo.

No importa para nada si el hombre después es bancario o boletero de tren, si es muy masculino o si se calienta con un morocho musculoso: aprendió a pronunciar fútbol sin elegirlo, al mismo tiempo que aprendió a decir papá, mamá y coca.

Cuando mis primos y yo jugábamos con los muñecos de los Superamigos, los únicos golpes que se daban eran sancionados con tiro libre. No es un chiste: mirábamos la contextura del muñeco, le asignábamos un puesto y el nombre del héroe se cambiaba por un buen rótulo para futbolista. Así, Linterna Verde pasaba a ser el Huracán Orellano.

En nuestro equipo ideal, Aquaman era el arquero: podía zambullirse de palo a palo y si la pelota estaba mojada no se le resbalaba. Batman y el Hombre Halcón eran marcadores centrales: altos, fuertes físicamente, con personalidad. Como lateral jugaba Robin: flaquito, veloz, resistente para correr noventa minutos. Como teníamos dos muñecos de Robin, poníamos uno en cada punta y la defensa estaba solucionada.

En el medio, de cinco, necesitábamos un tipo duro y agresivo en la marca: Lex Luthor, claro. Como volante por derecha, alguien con sorpresa e inteligencia, y lo poníamos al Acertijo. El enganche, lo sabíamos, debía ser elegante, jugar con la cabeza levantada y liderar al resto. El enganche era Superman. Arriba, tres delanteros: uno rapidito por afuera, para desbordar y tirar el centro (Flash), un Acertijo menos articulado que su hermano mellizo y Linterna Verde. Perdón: el Huracán Orellano.

¿Lo entienden ahora? ¿Entienden que cuando simulábamos hacer otra cosa estábamos diciendo fútbol una y otra vez? Mientras en la mesa familiar Chuna le pasaba las papas a Gaby cantando Xuxa, Mati me explicaba qué es la ley del último recurso: nos separa un abismo.

Sólo les pedimos una cosa, de todo corazón: no lo intenten. No repitan fútbol una y otra vez frente a un espejo, no traten de parecer espontáneas, no simulen, porque jamás podrán nombrarlo con naturalidad. Dirán fúdbol o fúlbol o fut-bol hasta el cansancio, sin poder acertar nunca en la pronunciación pura, perfecta, normal. Nunca, pero nunca jamás en la vida, señoritas, podrán decir con todas las letras “me gusta el fútbol”.

8 comentarios:

Tati dijo...

JAJAJAJA...MUY BUENO. PERO NO PIENSES QUE ME PUSE FRENTE AL ESPEJO A DECIR FUTBOL PARA VER COMO ME SALIA, YA QUE NI SIQUIERA ME SALE DECIR "NOVENTA" MINUTOS DE JUEGO JAJA.BESO

Nicolas Briant dijo...

Muy bueno hermano de mi alma!!! como todo lo que escribis, cuando publiques tu libro no dejes de escribir acá.
Te quiero mucho, como siempre.

Anónimo dijo...

Me extraña la generalización que haces ya que criticas mucho eso...en fin...ponele que ninguna mujer sepa decir futbol... aun asi seguimos siendo LO MEJOR DE ESTE PLANETA.
Sigan participando.
Un besito.

Nadia Hardy dijo...

Iba a levantar el dedo para defenderme pero me fue imposible. Contundente, entretenido y cierra-jetas. Discúlpeme, Estévez. Sólo me atrevo a decir que me gusta el... juego ese que es tan apasionante para los varones.

Anónimo dijo...

Lara, que tiene 3 añitos recién, en su esfuerzo para que le salga, dice "FÚTTTTTBOL", pero es cierto, "fútbol" con una sola t, no le sale...

Martín Estévez dijo...

Gracias Tati, Nico, Tamy, Nadia y Fer. Los cinco comentarios me hicieron sonreír por distintos motivos.

Marina Serafini dijo...

No estuve de acuerdo con nada de lo que dijiste. No terminé de leer el post porque me habia cansado de leer cosas que no identificaban a la mujer.
A las niñas no solo le enseñan a decir princesas y barbies, tambien juegan a la pelota como sus hermanos, tambien están al lado de papá (no digo de mamá porque la maldita sociedad de antes no dejo que mamá aprenda) mientras está arreglando algo en casa.
Cuando decís que las mujeres no entienden lo que es el furbol para los hombres lo comparas con no entender el dolor de ovarios. Ya que sos nuy buen escritor, deberias consultar o buscar críticas a una mujer cuando publicas cosas como estas. No todas tienen dolor de ovarios, yo por ejemplo no "los comprendo". Pero lo más indignante fue que comparaste lo mas lindo que tienen ustedes que es la pasión por ese deporte con (decime si no te parece hasta absordo leerlo ahora) el dolor de ovarios?! Jajajajajaj pudiste haber dado miles de actitudes gustos pasiones que tienen las mujeres. Pero no, tuviste q decir dolor de ovarios.
Cuando era chiquita además de pedirle a papá noel una pelota para jugar con mi hermano y lastimarme las rodillas por trapar arboles y andar en bici, yo no me preguntaba por qué no puedo ser una princesa, me preguntaba por que no hay presidentes mujeres.
Encontré esto buscando frases de orgullo femenino al futbol. Queria encontrar algo como "podran decir que el futbol es de hombres pero nadie entiende como es" o cosas como esas que como no soy escritora no puedo expresar.
Soy mujer, soy femenina y sin embargo adoro jugar al futbol, se cambiarle la rueda a un auto y muchas otras cosas "de hombre"

Martín Estévez dijo...

Hola, Marina. Gracias por comentar.

Es curioso que no estés de acuerdo con nada de lo que escribí cuando, según vos misma aclarás, no leíste todo lo que escribí.

Entiendo tu comentario como un intento de defensa del género femenino, pero vos misma caés en los prejuicios cuando escribís: "Cosas que no identifican a la mujer". A la mujer (a la mujer en general, como género) no la identifica nada que no sean sus genitales y la opresión que sufre de parte del hombre (el hombre en general, como género).

Yo no estoy de acuerdo con que suceda, pero considero innegable que, en el último siglo, los niños reciben un estímulo mucho mayor para vincularse con el fútbol que las mujeres. Aunque haya excepciones.

Por otra parte, según un estudio que hice para la facultad, el 98,7% de las muñecas marca Barbie que se compran en Buenos Aires tienen como finalidad ser regaladas a una persona del género femenino. Aunque haya excepciones.

Con respecto al dolor de ovarios, no dije que todas las mujeres lo sufran. Escribí que para una mujer intentar es tan difícil comprender el bombardeo futbolístico al que está expuesto un hombre desde su nacimiento (porque ellas no están expuestas) como para los hombres comprender el dolor de ovarios al que las mujeres está expuesta desde su primera menstruación (porque ellos no están expuestos).

Expuest@ no significa que te va a suceder: expuest@ significa que te puede pasar.

Si querés encontrar reivindicaciones a las mujeres, te prometo que encontrarás muchas leyendo este blog. Y nunca, pero nunca, utilizando el "ser femenina" (término completamente machista) como argumento. Te lo promete alguien que no sabe cambiarle ruedas a los autos ni hacer asado, y al que varios hombres le parecen muy, pero muy potros.

Gracias por el tiempo dedicado al comentario. De verdad, eh.