sábado, 2 de octubre de 2010

Burum bum bum

Mi primer recuerdo no es exactamente mi primer recuerdo. Al menos, supongo que no. Es difícil saber cuáles son nuestros primeros recuerdos, porque muchas imágenes que creemos atesorar son en realidad un cuento del que fuimos protagonistas sin enterarnos.

A mí me suenan algunas imágenes bien del pasado, de rezar el padre nuestro arrodillado con mi papá, de cagarme encima en prescolar. Creo recordar la sonrisa dulce de una niña de 5 años, tal vez llamada Fabiana, y las cucarachas que reinaban en la cocina de la calle Sarandí.

Recuerdo llegar a casa de mis abuelos de visita, sin saber que a partir de ese momento también se convertía en mi casa, y que lo sería durante veintitrés años. Recuerdo que el día que cumplí 5 mi papá termino preso porque descubrió que soy de Racing.

Sin embargo, a la hora del primer recuerdo "oficial", de mis primeros pensamientos pensados, de las primeras fotos en buena resolución de mi memoria, casi siempre elijo el Argentina-Camerún del Mundial '90.

Elijo el quejido de mi hermana durante aquel 8 de junio: "¡¿Por qué él puede faltar a la escuela y yo no?!". Y elijo la respuesta de Tati (quizá de Elvi), entendiendo con precisión de fiambrero la importancia del fútbol en la vida de un hombre: "Porque es su primer Mundial".

Yo no entendía bien de qué hablaban. Antes de aquel mediodía, si había visto fútbol, no le había prestado atención. Seguramente los Superamigos y Los Autos Locos me importaban mucho más. Pero Diego y Matías, primos dirigentes de mi masculinidad, me decían con sus miradas que lo que estaba por venir era importante.

Camerún me sonaba a golosina exótica y en eso pensaba mientras mi abuelo Víctor cantaba “Burum bum bum, burum bum bum, yo soy el hincha de Camerún” y sonreía esperando complicidad. Hacía referencia a unos chistes de Clemente publicados durante el Mundial ’82, y de los que yo no tenía ni puta idea.

Una camiseta verde hermosa y un tipo con un peinado increíble llamado Makanaky. Eso era Camerún. Me costaba concentrarme en el partido, los 6 años me pesaban. Me distraía comiendo galletitas y pensando en qué gloriosa era una tarde de viernes en casa.

No entendía ni imaginaba que todas mis memorias tendrían su origen en ese momento. Que a partir de ahí cada vez que apuntara hacia el pasado llegaría a la musiquita del Mundial ’90, a la televisión en el rincón, a Babu cantando burum bum bum. Yo no tenía ni la más remota noción de que ese partido, su prólogo, desarrollo y resultado, reflejaría tan pero tan bien mis siguientes décadas. Porque ese día, puta madre, Camerún ganó 1 a 0.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Genio!!! gracias por existir!!!!
Te quiero!!!!!