viernes, 13 de enero de 2017

El asesinato de mi tía-abuela

Por Martín Estévez

Acabo de descubrir quién fue el asesino de mi tía-abuela. No lo saben sus hermanos (uno era mi abuelo) y tampoco sus sobrinas (una es mi mamá), pero yo acabo de enterarme. Les juro que no es un chiste, ni un truco, ni una metáfora. Me acaba de pasar. Y lo único que se me ocurrió es denunciarlo acá, para que se enteren todos.

Cuento la historia tal como sucedió. Hace un rato, estaba en internet buscando información sobre el año 1936. Lo hago porque me gusta salvar historias que empiezan a ser olvidadas, y contarlas en facebook o en mis blogs. Parecía un día normal.

Encontré en wikipedia la mención de una manifestación de trabajadores en Oberá, Misiones, que terminó con 4 muertos por represión. Enseguida recordé una historia que me había contado mi abuelo Víctor antes de morir: la de su hermana Basilicia, asesinada en esa provincia durante una protesta de campesinos.

Me entusiasmé con la idea de que tuvieran relación, así que corrí a esa especie de autobiografía que escribí sobre Víctor, y comprobé que la muerte de su hermana había sido precisamente en 1936. 

Sentí un escalofrío en el cuerpo.

Decidí, aunque no tenía forma de comprobarlo, imaginar que ella había sido una de las manifestantes. Me pareció bien completar así esa parte de su historia (y de mi historia) porque, en definitiva, para mí significaba lo mismo si ella, una joven ucraniana y luchadora, había muerto en esa manifestación o en otra que había sido el mismo año, en la misma ciudad, y donde había mostrado la misma valentía.

El cuchillazo llegó cuando encontré este texto:

"Las investigaciones posteriores demostraron la culpabilidad de las fuerzas policiales. Basilicia Sawicki, una niña de 14 años, se cuenta entre las víctimas".

Ahora sí, no había dudas. Ella estaba ahí. Enseguida descubrí que hay muchos textos que hablan de "La masacre de Oberá", ocurrida el 15 de marzo de 1936, cuando inmigrantes ucranianos, rusos y polacos se manifestaron para pedir que les pagaran un poco más por lo que cosechaban en el campo. 

El apellido de Basilicia aparece como Sawicki, pero también como Savinski, problema típico al traducir los apellidos (mi mamá es Sawicki, su hermana es Saviski). Consta que no sólo murió Basilicia, sino también su tío Juan Melnik, que no participó de la protesta, pero recibió un balazo en las cercanías.

En mi familia nunca habían hablado sobre esto, y yo supe de repente que, sobre la manifestación en la que mataron a mi tía-abuela, existe un documental llamado Quieta Non Movere; el libro La masacre de Oberá; un mural en una plaza de Misiones; y que se hizo un acto en homenaje cuando se cumplieron 80 años, en 2016. 

Descubrí también el nombre de su asesino: el comisario Leandro Berón, que no sólo disparó contra los manifestantes sino que permitió que las mujeres detenidas fueran violadas y los hombres, torturados.

Cada palabra que encontré engrandece la lucha de esos trabajadores, que sufrían hambre y decidieron unirse, por ellos y por su pueblo. Jamás hubiera pensado que Basilicia tenía apenas 14 años, y que había decidido ir en representación de su familia, porque era la mayor de los cinco hermanos. Se me llenaron los ojos de algo que no eran lágrimas, sino orgullo.

No quiero alargar este texto, porque no hace falta. Y la verdad es que no encuentro palabras, todavía, para describir lo que significa esta historia para mí. Tal vez lo entienda con los años.

Sólo comparto dos frases más que encontré, y que me siguen conmoviendo:

"Para varias familias hay un antes y un después de ese triste 15 de marzo del año 1936. Principalmente para la familia de Basilicia Sawicki, la niña de 14 años fallecida ese día".  (texto completo)

"En Misiones, ni los manuales escolares, ni los discursos oficiales, recuerdan la matanza. La provincia 'eligió olvidar'"(texto completo)

Después de la masacre, la provincia se llamó a silencio, por conveniencia, por dolor o por miedo. "Babu nunca habla sobre su hermana", me decía mi abuela sobre Víctor, y yo no entendía por qué. Hasta hoy.

Esa familia que vivió un antes y un después en 1936 era la de mi abuelo, es la mía. Miro sus caras en una foto de 1937 y me parece entender, en sus ojos apagados, el dolor.

Los obligaron a guardar silencio para que la lucha de sus compañeros, de sus vecinos, de sus amigos quedara en el olvido, pero Víctor no estuvo de acuerdo y, por suerte, una tarde me lo contó:

"Basilicia reclamaba por la gente, para que nos trataran mejor. Un vez fueron a reclamarle al comisario y mataron a varios. Una era Basilicia".

Gracias a eso, hoy reconstruí esa historia, vi un documental que me contó por qué asesinaron a la hermana de mi abuelo y me emocioné, 81 años más tarde, con una lucha que el Estado y sus cómplices quisieron ocultar.


Si cada vez que respiro recuerdo a Luciano Arruga, a Mariano Ferreyra, a Darío Santillán, a Maxiliano Kosteki, a Jorge Julio López y a tantas personas asesinadas por luchar por los demás, ahora me acompañará también el nombre de Basilicia Sawicki, con la doble honra de que luchó por mi abuelo, y de que mi abuelo trajo su historia hasta mí.

No creo que lo que somos se lleve en la sangre, pero sí estoy seguro de que el amor que ofrecemos en cada lucha se transmite de persona en persona. Al amor que nos dio Basilicia, cuando tenía apenas 14 años, quisieron borrarlo. Pero, gracias a Víctor, y gracias a esta tarde, nunca, pero nunca, va a quedar en el olvido.

En cada 15 de marzo, y en cada día, y en cada minuto, hermosa Basilicia, prometo abrazar tu recuerdo.

22 comentarios:

Pattingui dijo...

Que hermoso Martin! Gracias por compartirnos esta historia. La memoria es el baluarte de todas las luchas que el poder se complace en ocultar.

Martín Estévez dijo...

Gracias a vos, por leer y comentar.

Anónimo dijo...

Que linda tu historia...una grande tu tia abuela...que agallas con tan solo 14 años.nunca hay que olvidar.

MALEG dijo...

Muy bueno!! Impresionante la historia. Me permitís compartirla en nuestra página de "La Columna Vertebral.Historias de trabajadores"?

Martín Estévez dijo...

Claro que podés compartirla, y mucho más en una página con un nombre tan lindo.

MALEG dijo...

Gracias, ya la cuelgo.

Teresa Laura Artieda dijo...

Gracias Martín. Dolorosa y bella esta historia, y tantas. Bello y en algún punto mágico el modo de reconstruirla. Pero es como si todo volviese. En este caso, te vuelve el resultado de la tarea que emprendes para otros, para reconstruir otras historias. Como si este fluir que es la vida, este río, trae a tus costas el amor que vos distribuis. Abrazo

betafelt dijo...

Martín: leí recién tu texto que lo posteó una amiga en Fbuk. Interesantísma investigación y hermoso relato, lleno de emoción. Escribir estas cosas hacen bien, se acomodan rompecabezas que en verdad rompieron corazones. Es muy habitual que las familias callen estos acontecimientos, pero siempre-siempre entre los descendientes alguno- en este caso vos- abrís la cripta de secretos y los sacás a la luz. Y las cosas se acomodan. Lo sé por mis propias investigaciones genealógicas. Te felicito. Pudiste bucear en el dolor y aliviarlo. Y sabés que? Sería interesante que alguna vez pudieras... no sé... saber algo de los descendientes de ese asesino. Seguro ellos también tienen un secreto así encriptado. Bueno, te saludo. Gracias! Betina

marina frascara dijo...

Varias historias se juntan en una
Y quizás sí corran por la sangre o savia de ese árbol familiar. Ahora la de Basilicia está a la luz, fuera del olvido.gracias por compartilo!

Unknown dijo...

La burguesia tiene sus "escribidores de historia" - Me parece muy bien que se comience a escrbir sobre las historias familiares, que no van a ser mas que retazos de la historia de los trabajadores- Orgullo de pertenecer-

Silvia Colombo dijo...

Precioso Texto, seguí investigando, tal vez te esperen historias para ser contadas, como la de esta niña. Hay que dar a luz, te felicito y gracias por compartirlo.

Martín Estévez dijo...

Teresa: estoy seguro de que las historias que nos cuentan, nos imponen y nos ocultan son parte importante de lo que después hacemos en el mundo. Ojalá que quienes conozcan la historia de Basilicia generen mejores cosas que aquellos que escuchan historias de asesinos vilmente disfrazados de próceres.

Betina: gracias por tus palabras. Suena lindo ser descubridor de secretos, especialmente de los que necesitan ser descubiertos. La idea de los descendientes del asesino Leandro Berón es interesante, pero creo que todavía no estoy preparado para lo que pueda encontrar. Cariños para vos.

Marina: creo que lo que recibí de ella no fue su sangre, sino sus principios. Lo importante, como decís, es que su historia ya no está enterrada. ¡Gracias!

Desconocido/a: Es cierto, la burguesía tiene sus escribidores de historia, que además son la inmensa mayoría, o al menos son, de los que conocemos, la inmensa mayoría. Además de escribir esas historias, somos muchos los que estamos dispuestos a construir otras nuevas, para completar nuestra tarea. ¡Saludos!

Silvia: lo lindo es que investigo solamente para tomar mejores decisiones políticas, y las historias aparecen solas, como un regalo, esperando a ser contadas. Gracias a vos.

Mario Miguel Tonsich dijo...

COMPAÑERO DE LA LUCHA: Lo compañeros que ofrecen su vida y caen en las lucha serán siempre recordados porque nosotros no los olvidamos, y así como recordamos a nuestros compañeros NO OLVIDAMOS A SUS ASESINOS NI A LOS TRAIDORES DE LA CAUSA DEL PUEBLO, EL GENERAL DIJO: CUANDO LOS PUEBLOS ACABAN CON SU PACIENCIA HACEN TRONAR EL ESCARMIENTO Y CREO QUE ESTA LLEGANDO EL TIEMPO

Lidia Subovsky dijo...

gracias por compartir tu historia, la de tu familia como parte de nuestra historia colectiva como pueblo. la MEMORIA es el resguardo de los pueblos ...gracias!!!!

Anónimo dijo...

Marcela Ruiz de Paraná: Grande Martín en rescatar esa historia tan conmovedora y que gracias a vos fue revelada, como la de tantas y tantos otros olvidados y postergados por la historia oficial. Sino estaría jubilada, se las hubiera dado a conocer a mis alumnos!

Anónimo dijo...

Nada hay oculto que no venga a la luz. Seguramente esa historia te fue revelada por algo. Las iniquidades cometidas contra nuestros antepasados nos imfluyen. La verdad nos hace libres. Esa verdad que merece ser contada, esas lágrimas que merecen ser derramadas, esas palabras que merecen ser dichas. Que Dios bendiga a esa mujer que dio su vida por defender la justicia y que los bendiga a ustedes que son parte de esa proeza. Y que la verdad le honre...un abrazo a la familia

Unknown dijo...

Dice una cancion que "...Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia, quien quiere oir que oiga..." Gracias a gete como vos se saben estas cosas. Valiente tia-abuela!!!!

Peti dijo...

Gracias Martin, por compartir tu memoria, que es nuestra memoria. Porque de estas historias está hecha la verdadera historia argentina, que no aparece en la Revista Genios...

Patricia dijo...

Excelente investigación y mejor relato! Qué cosas tiene la vida... En todas las familias está guardado un secreto "a voces". En este caso de lucha y muerte. Qué mejor manera de honrar esa lucha y esas muertes q a través del recuerdo. De lo contrario serian inútiles. Te felicito!!!

Anónimo dijo...

me emocioné hasta las lágrimas. gracias por no olvidar

Elida Elvira dijo...

"La masacre de Oberá" triste episodio ocurrido en mi ciudad, mi esposo me contó toda la historia hace años y cuando se lo comentaba a distintas personas, o se hacían las boludas o no lo sabían, fue una verdadera tragedia tapada por las autoridades y políticos en general.

Martín Estévez dijo...

Mario: aunque no admiro a Juan Perón, sí comparto las ideas que escribiste. Te doy un abrazo.

Lidia: el agradecido soy yo porque ahora ustedes también cuidarán la memoria de Basilicia.

Marcela: aunque estés jubilada, seguramente podrás compartirla con muchas personas. ¡Cariños para vos!

Anónimo: me contenta que te hayas conmovido con la generosidad de Basilicia. Sus familiares tenemos el deber de honrarla.

Unknown: ojalá, además de contar esas historias ocultas, pueda luchar lo suficiente para que alguien pueda contar la mía. Gracias.

Peti: no puedo estar más de acuerdo. Te mando un abrazo.

Patricia: los secretos familiares son una fuente perpetua de dolor. ¡A desenterrar los baúles de nuestros abuelos!

Anónimo: sentir el dolor ajeno como propio es justo. Gracias a vos.

Elida: si las autoridades callan, es nuestra responsabilidad gritar más fuerte. Que todo Oberá sepa cuántas manchas de sangre dejó la ambición de los poderosos. Saludos a vos y, si es posible, a tu esposo.