Por Martín EstévezHace exactamente 12 años, el 30 de diciembre de 2010, hice lo peor que hice en mi vida: violenté a una mujer. Estábamos en una habitación y, en medio de una discusión, le di una piña a una puerta y la rompí. El texto debería terminar acá, porque todo lo demás va a sonar a justificación, pero nunca hay justificación para las violencias de género. Tampoco para la mía. Entonces, ¿por qué estoy contando esto? Por muchos motivos mezclados. Tal vez porque a la verdad está bien decirla aunque duela. Tal vez para aliviar un poco la culpa que, 12 años después, todavía siento. Pero quisiera pensar que el motivo principal es la esperanza de que le sirva a algún hombre para reconocer algún síntoma y no llegar al extremo violento al que llegué.
viernes, 30 de diciembre de 2022
La noche en que fui violento
Por Martín EstévezHace exactamente 12 años, el 30 de diciembre de 2010, hice lo peor que hice en mi vida: violenté a una mujer. Estábamos en una habitación y, en medio de una discusión, le di una piña a una puerta y la rompí. El texto debería terminar acá, porque todo lo demás va a sonar a justificación, pero nunca hay justificación para las violencias de género. Tampoco para la mía. Entonces, ¿por qué estoy contando esto? Por muchos motivos mezclados. Tal vez porque a la verdad está bien decirla aunque duela. Tal vez para aliviar un poco la culpa que, 12 años después, todavía siento. Pero quisiera pensar que el motivo principal es la esperanza de que le sirva a algún hombre para reconocer algún síntoma y no llegar al extremo violento al que llegué.
viernes, 23 de septiembre de 2022
No me avergüenza decir que llegué a amarlo
Por Martín EstévezEstá sentado solo en un rincón del aula, lee un libro de Lovecraft en inglés, jamás lo escuché hablar pero me gusta cómo esquiva los bancos de la universidad para sentarse en ese rincón. Siento que camino parecido. Me acerco como si no me diera nervios y le digo “¿Te molesta si te hablo?” sin intuir que está amaneciendo la amistad más importante de mi vida.
martes, 31 de mayo de 2022
Primera película con mi abuelo
Por Martín Estévez
sábado, 23 de octubre de 2021
El título imperfecto
Por Martín EstévezSiempre quise que el día en que terminara mi carrera hubiera montones de personas esperándome para abrazarme, tirarme de todo, celebrar eufóricamente conmigo. Ayer, después de 11 años de estudiar como un chancho, me recibí de profesor y licenciado en Letras. Elegí un lugar bien grande, la plaza de Lomas, para que me esperara la multitud. Pero fueron a saludarme solamente cinco personas. Cinco. A la noche, mientras miraba, vacías, las sillas que había preparado en mi casa para la multitudinaria fiesta, tomé una decisión importante para mi vida. Una decisión que quiero contarles.
sábado, 2 de octubre de 2021
Preguntar en terapia intensiva
“Me quiero ir a casa”, me dice Víctor y se le ponen llorosos sus ojos celestes. Víctor es mi abuelo, tiene 84 años y está acostado en la sala de terapia intensiva del hospital Gandulfo. Yo tengo 25, estoy sentado al lado suyo y le digo que no, que tenemos que pasar la noche ahí, juntos. Son las nueve y media. Mucho más que esta noche larga, me preocupa, me pone nervioso, me hace un monstruo en la panza una pregunta que da vueltas en mi cabeza y no sé si me animaré a preguntarle.
Nunca en su vida Víctor había pasado una noche en un hospital. Alrededor nuestro hay gemidos de dolor, ruidos de camillas, enfermeras que entran cada tanto. Cuando pasan las horas, las camillas y las enfermeras son menos, pero quedan, incómodos, tensos en el aire, los gemidos de dolor de una decena de personas que no sé si están mejorando, agonizando o muriéndose a centímetros de mí. No me animo a mirarlas.
Víctor está decidido a no dormir, se queja, amenaza con sacarse el suero y con irse aunque no lo dejen. No entiendo por qué me lo hace tan difícil, no sé qué decirle, le pido que trate de dormir. “No puedo”, me dice. Se quiere levantar al baño y le digo que espere, que le pregunto a una enfermera. No lo dejan. Tenemos que arreglarnos como podamos y con lo que hay. Está haciendo pis en una habitación en la que hay otras personas, tengo que ayudarlo, siente vergüenza.
Víctor casi se muere hace un rato, cuando estaba en nuestra casa: se desvaneció de pronto y se lo llevó la ambulancia. Nos avisaron que quedaría en terapia intensiva y que era necesario un acompañante. Por eso estoy acá. A Víctor yo le digo “Babu” porque, en Ucrania, abuela se dice Baba. Abuelo no se dice Babu, pero igual le decimos así. Vivo con él desde que tengo memoria y aun así tengo miedo de hacerle la pregunta.
A eso de la una de la mañana insiste con lo mismo, pero más calmado, o más cansado:
–No puedo dormir, me quiero ir. No sé qué hacer.
–Y bueno... charlemos –le respondo.
–¿De qué?
–No sé. De nosotros.
Por primera vez en nuestra vida, Víctor y yo nos miramos fijo. Sostenemos la mirada en silencio. Me parece una eternidad. A los dos se nos humedecen los ojos.
–Te quiero mucho –le digo despacito para no molestar al resto–. No sé si te lo dije alguna vez, pero sos un buen abuelo para mí.
Le salió lo más parecido a una sonrisa que le vi esa noche.
–¿Qué querés hacer cuando te vayas de acá, Babu? –le pregunto.
–Lo que hago siempre –me responde, también con voz bajita–. Ir al mercado tempranito y estar en casa. Yo quiero dormir en casa.
–Babu… ¿Tenés miedo?
–Sí, Martín –me dice–. Menos mal que estás acá.
Por un rato, tal vez horas, la sala de terapia intensiva desaparece y quedamos él y yo, solos, contándonos nuestras cosas, como si fuéramos viejos amigos. Entiendo ahora que tal vez lo éramos.
Después de muchas verdades que nos dijimos por primera vez, a Víctor se le empezaron a cerrar los ojos. Por fin. Serían cerca de las cuatro de la mañana. Lo que tanto deseaba, que Babu durmiera un poco, estaba por pasar. Se sentía tan raro todo: estar ahí, hablar con él tan honestamente, el miedo a perderlo, la tranquilidad de estar haciendo todo lo posible. Pero ni siquiera todo eso podía tapar esa pregunta que tenía atragantada desde que empecé a darme cuenta de que Víctor no viviría para siempre.
–Babu, Babu… ¿Te dormiste? –le susurré.
–Todavía no, pero ya me estoy durmiendo –me respondió.
–Babu… Vos… –dudé de nuevo, porque me daba miedo su respuesta–. ¿Vos… vos tuviste una buena vida? ¿Babu… vos sos feliz cuando estás en casa con nosotros?
No sé cuántos segundos duró el silencio, me acuerdo que me corrió un escalofrío por el cuerpo. Había mucho en juego para mí en esa respuesta. Mucho.
–Sí. Sí, Martín. Me gusta mi vida. Soy feliz con ustedes –me dijo, y se quedó dormido.
Esa noche de enero de 2010 fue la única que Víctor pasó en terapia intensiva. Cuatro meses después, mi abuelo murió durmiendo en su cama, muy cerca de todes les que lo amamos.
viernes, 6 de agosto de 2021
"Tengo que abortar", me dijo
Por Martín EstévezTardecita hermosa, miércoles de noviembre con tanto sol. Es una de mis primeras citas con Tamara, creo que ya somos novios. Nos sentamos en las sillas de afuera de un café. Acaba de aprobar Sociología y está contenta. Me encanta que esté contenta. Me encanta que estudie Trabajo social. Me encanta cómo le queda ese pañuelo en la cabeza. Me encanta esta tardecita, hasta que llega un mensaje: “Necesito verte lo antes posible”.
jueves, 29 de abril de 2021
Ojalá te pase
Por Martín EstévezOjalá a vos también te pase. Y que, cuando te pase, te animes a vivirlo con todo. Porque… ¿cuántas veces puede suceder en la vida? ¿Dos, tres con suerte? Hablo de esas etapas en las que no tenemos ni perra idea de qué mierda hacer con nuestra existencia. No tenemos trabajo fijo, ni pareja, ni demasiadas responsabilidades, ni angustia terrible, ni proyectos cercanos. Somos personas sin rumbo. Somos pluma. Y cualquier vientito nos lleva de acá para allá, porque ¿total? no tenemos nada mejor que hacer.
lunes, 29 de marzo de 2021
Aunque la vi dos veces
Por Martín Estévez
Vanina no me ama y lloro, con un té en la mano, mientras mi mamá me mira. “Pero ¿cuántas veces se vieron?”, me pregunta Tati. “Dos”, respondo, y lloro mirando la taza, un poco más fuerte. Me chupa un huevo la humillación de este momento, que Tati no me entienda, en este puto momento de mierda no me importa nada, excepto que Vanina no me ama.
Dos años sufriendo como un pelotudo por Rosana y, cuando la supero, en cuatro meses me hacen concha el corazón de nuevo. No puedo creer estar otra vez en la misma inmundicia, en la misma sensación de desconsuelo sórdido, me parece una mierda la palabra “sórdido”, me parecen una mierda todas las palabras que no consiguen que Vanina me ame.
Después de que nos robaron los celulares la segunda vez que nos vimos, le mandé uno, dos, tres mails. “Puedo callarme diecisiete veces, pero sólo si las tristezas valiosas, el futuro intimidante, y la maldita y bendita forma en la que te acurrucaste en mi vida siguen existiendo en algún lugar, en cualquier lugar, en el que seamos primos, inocentes, cómplices, culpables o eternos denunciantes denunciando que nunca podremos ser lo que deseamos juntos, pero siempre podemos desear juntos lo que queremos ser”, le escribí primero.
“Ganaste: si prometo no seguir diciéndote enana, ¿voy a volver a saber de vos algún día?”, después.
“Mi yo tan perfectito, tan lustrado, sabe (porque siempre lo sabe todo) que sos una persona, y que hay otras personas, y que está lleno de personas. Matt sabe que sos única. Ellos son dos y me hablan y se pelean y se hablan y se van. No sé si alguno tiene razón. Sí sé que si alguien tiene que estar cerca tuyo, es ese algo que estaba adentro de algún lugar que estaba adentro de algún lugar que estaba adentro mío. Ese tengo que ser yo”, decía el tercer mail.
No hubo respuesta. Durante 24 días, no supe nada de Vanina. Un 9 de mayo me mandó el mail más dolorosamente hermoso que me mandaron en la vida.
“Ella pensó que la vida era como una foto en movimiento, cuya escena variaba ligeramente mientras los personajes de la composición seguían estáticos, presos del rol bajo el cual habían nacido. Pensó, pensó pensando sin pensar. Podía seguir mutando, pero había una situación que jamás cambiaba: siempre estaba sola. En sus temores, en la tormenta, sola en un cuarto donde Vani lloraba en un rincón, mientras Vani se reía de ella. Sola. S – o – l –a. Y estaba bien. Sea como sea, ‘cada hombre es una isla’, y las islas no están destinadas a formar continentes. Sea como sea, tu día empieza con vos abriendo los ojos, y termina cuando vos los cerrás. Entonces, ¿porqué se sentía tan triste?”, decía apenas una parte de ese mail que leí cientillones de veces, en el que Vanina me susurraba que ya no quería besarme para siempre, pero yo (claro) no quise entenderlo.
“Le habían dicho que la vida era una línea recta y que a veces, solo a veces, hay líneas que te chocan y ¡PAF! te cambian de dirección. Le vino a la mente una línea sacándola de su hermosamente triste soledad. Un día entendió que la otra línea era importante, y que por eso necesitaba irse. Ahora la extraña, pero no es nadie para ir y volver cuando lo desea, y espera en silencio una respuesta. Alguien nos dio libre albedrío. Hay que usarlo, entonces”.
¡Ay, Vanina, cómo te amo! “Alguien nos libre albedrío. Hay que usarlo, entonces”. Googleé esa magia para ver quién la había dicho, ¡y fuiste vos! Seguís siendo un escritor de ochenta años que finge ser una enana adolescente. Seguís siendo mi creencia tan atea, mi fe tan materialista.
“En algún momento me cansé de ser una nada sencillita y almidonada –le respondí–, y preferí ser un algo revuelto y destripado. Boceto, sombra, maullido amorfo, un intento. Pero nunca, nunca más la nada. Alguien nos dio la esperanza. Hay que abrazarla, entonces”.
Volvimos a escribirnos, a intentar intentarnos hasta que, después de tres meses esperando verla, me dijo por MSN que no, que lo que hubo ya no existía, que no quería besarme ni mirarme ni dejarnos robar en cualquier plaza de cualquier lugar del mundo. Vanina sabía a años luz de distancia que yo la amaba y entendía (demasiado bien) que ya no podríamos ser felices juntos. Que el amor desparejo es tan cruel y sádico como el no-amor. Las ideas de Vanina, como casi siempre, estaban seis pasos adelante de todas mis corridas apuradas.
Ahora estoy sentado frente a la computadora y empiezo a decir, para arrancarme un poco de muerte: “Escribo en directo, la noche del 12 de julio de 2009, que ya se acerca a 13. Sin cronologías, ni correcciones, ni poesía. Escribo triste, y desgarrado, y solo. Solo, porque tu día empieza cuando vos abrís los ojos y termina cuando vos los cerrás…”.
Vanina no me ama. Yo la amo aunque la vi dos veces, y escribo un texto sin sospechar que lo recitaré 11 años después, en algo llamado Instagram, cuando mi corazón esté roto otra y otra y otra vez.
Vanina no me ama y yo ya no sé en qué tiempo estoy viviendo, cuánto de esto que escribo es pasado y cuánto es ahora, cuánto es verdad y cuánto es Vanina, cuántas Vaninas inventé para destrozarme y reconstruirme, cuántas culpas dibujé afuera para no mirarme allá adentro, pero ¡ay, Vanina! cuánto y cómo daría para me ames y para que la vida tenga mucho más que un libre albedrío que nos dieron sin preguntarnos.
¡Ay, Vanina!, qué no arriesgaría yo para dejar de escribir “ay” en lugar de ese sonido que no se puede escribir: el de un mundo absurdísimo, impúdico y desalmado que se nos desarma bajo los pies, el de una vida en la que vivimos muriendo, el sonido silencioso de mis ojos mirando la taza de té, mientras Tati me mira, y vos no me amás.
miércoles, 3 de marzo de 2021
Cita en un patrullero
Por Martín EstévezEstoy en un patrullero, atravesando un barrio raro, con dos policías adelante y dos personas desconocidas al costado. Es de noche y nos llevan a una comisaría. No puedo creer que esto me esté pasando. En serio. Jamás, pero jamás de los jamases, hubiera pensado que iba a terminar así mi segunda cita con Vanina.
—¿Qué se encontraban haciendo al momento del robo?
Los ojos de la familia de Vanina se nos clavan en la nuca.
viernes, 8 de enero de 2021
Lo que aprendí en una vereda
Por Martín Estévez
lunes, 16 de noviembre de 2020
37
Por Martín EstévezA ver cuándo mierda asumo la verdad y reconozco que no existe esa felicidad que nos explota en la cara y le da sentido al universo. A ver cuándo me escapo de mi propio encierro, de esa pretensión que no sé de dónde me crece, a ver cuándo me libro del deseo doloroso de que arriesgando y cambiando y amando y sufriendo a lo bestia se pueda llegar a felicidades más intensas que esas chiquitas que nos pasan todos los días. A ver cuándo aprendo, de una vez y para siempre, que no existe el maldito 37.
lunes, 14 de septiembre de 2020
Vanina (parte 2)
Por Martín Estévez
Corro el riesgo de hacer el ridículo, pero me importa un carajo. Vanina (más bien la historia que creo haber construido con Vanina) merece riesgos. Intenté contar el inicio (conversaciones por MSN de 2008), ¡pero es tan difícil!
Me cuesta un montón leer estos chats con objetividad. No sé si son gloriosos o una porquería. Intuyo que así recortados, sin sentirlos en carne viva, no transmiten nada de lo que pasaba en madrugadas interminables, tardecitas a las apuradas, en esas ventanitas llenas de letras. Lo confieso: tengo miedo de estar convirtiendo mi historia con Vanina en romanticismo berreta.
Ayudaría que hagan un esfuerzo: imaginen los 200 diálogos que faltan por cada partecita que elegí, las horas de espera entre una conversación y la siguiente. Imaginen a un tipo de 24 años con una vida insípida al que unas letras rojas que no sabe desde dónde llegan le generan una cosa en las tripas que todavía hoy no puedo describir sin que me salga una oración cursi, horrible, ingenua, una oración melosa que yo mismo odiaría si escribiera.
Por ahí me tengo que dejar de romper las pelotas con las explicaciones. ¿Cómo puedo pensar que a las ideas de Vanina, aun en su etapa de adolescente conflictuada, hay que adornarlas? Me siento un traidor al no confiar en lo que valen. Me consuela saber lo que me hubiera escrito ella: “tranquiloo, Matt! Al menos te sentís”.
Bienvenides a Vanina, parte 2.
• • • 6 de enero de 2009 • • •
Vanina: Dame una M, dame una A, dame una R y dame todas las demás letras. Qué se formó? MARTIIIIN Qué se formó? MAAARTIIIIIN.
Martín: Hoy, después de bastante tiempo, no estoy bien.
V: * Las porristas bajan de inmediato las porras, y escuchan con atención lo que Martín les dice *
M: Es sólo un dragón en la garganta. Moviéndose, rasgando, endemoniado.
V: Pero los dragones no nacen en las gargantas. Se mudan ahí cuando se dan cuenta de que la persona está tan fría, oscura y húmeda como las cuevas donde pasan años y años. Algo tiene que haber puesto en ese estado a Martín. Y sea lo que sea, todo va a salir bien. Porque sos bueno, genial, inteligente y divertido. Y eso te va a llevar a la victoria. Tiene que ser así, si no en este mundo no hay justicia.
M: El problema es cuando lo que ya salió mal te persigue con su forma de dragón y se aprovecha de tu alma cavernosa.
V: El destino te está probando, y si ve que te comportás como espera, te va a dar la dulce recompensa! Es algo así como Jesús cuando probó al tipo ese de la montaña, que lo hizo matar al hijo. Segundos antes de que lo mate, le dijo: naah, pará… era JO DI TA. Y lo llenó de cosas buenas. Claro, tuvo cien campos y mil mujeres fértiles, pero lo que es su hijo, JAMÁS LE VOLVIÓ A HABLAR.
M: Dijimos que no ibas a ser más brillante.
V: Viendo que tenías tanta oscuridad alrededor, quería prenderte una vela. Aunque sea una chiquita. De un metro cincuenta y ocho…
M: ¿Sabés que tengo una bolsa llena de ganas de verte, no? No importa cuándo, solo quiero que sepas que la bolsa existe, está tan repleta que paga boleto en el 37 que va de Ciudad Universitaria a Lanús.
V: hfdhgkfhj … puff… si te gusta mi versión flogger conflictuada tendrías que verla ahora: está trepada por las paredes, literalmente.
• • • 10 de enero de 2009 • • •
M: ¡Dame una V! ¡Dame una A! ¡Dame una N!...
V: aaaa, las porristaas. Cuánto te cobraron a vos? Me parece que me estafaron el otro día…
M: 43 pesos cada una, y 100 por llevarlas y traerlas.
V: te das cuenta? se abusaron de que no soy ni de lejos tan elástica como ellas. Fuee, que sacudan sus pompones y sean felices.
M: Hoy me junté con un amigo a hablar de Racing y terminé hablando de vos. Estoy preocupado.
V: Martín, perdón si lo malentendiste, pero… yo no juego en Racing, ee
M: Por eso estoy preocupado: no sé si estaría bueno. Te falta altura para el cabezazo.
V: Sí, me lo han dicho ya. eii, puse Martin Estevez en el facebook. HAY QUINIENTOS.
M: Te agregaría, pero tengo que chequear las fotos en las que estoy etiquetado. A ver si un momento poco fotogénico me tacha de tu cuadernito “un millar de chicos con chances”.
V: por favor, chica modelo anorexia y preocupada por la imagen, me podés llamar a Matin de nuevo?
• • • 15 de enero de 2009 • • •
V: Ojalá todos se pudieran mimetizar en un mismo sentimiento. De esa manera, el mundo pararía cuando alguien muere. O cuando te lastiman, o te traicionan. No se siente ridículo salir a la calle y ver que todos siguen tan iguales? Que el mundo acaba de ROMPERSE, literalmente, y nadie lo nota?
M: Fue más hermoso lo que escribiste que tu raya al costado en la foto. Tenés que compartir tu don. En serio.
(...)
M: Me gusta prometerte porque es un modo de creer que, hasta que no cumpla mis promesas, no te voy a perder. Conversar con vos es… no sé explicarlo. Sé que los hombres nos hemos ganado por nuestra propia culpa muchos prejuicios. Pero yo disfruto de vos de la manera que sea y sin demasiado pensamiento. Disfruto de vos así como venís, despeinada y sin maquillaje, y sin promesas de futuro.
V: Matin… prometo que no me voy a ir. De eso podés estar tranquilo. Que esa preocupación se vaya y deje lugar a las otras, que espero algún día me compartas. Mientras, Vani sigue acá, con la velita en la costa, esperando tu barco. Va a estar por mucho tiempo más, lista para el abrazo cuando sea necesario.
(...)
M: ¿Dijiste María Elena Walsh? No estoy a su favor. En Manuelita, atenta contra la producción nacional. ¿Por qué cree que solo la podrán embellecer en París? Y ni hablar del Mono Liso, capaz de levantar cualquier alimento sucio y lastrárselo, incluso de la orilla de una zanja. ¿Qué clase de higiene quiere imponer en nuestros hijos, señora Walsh? ¡Dé la cara!
V: Ahora me vas a decir que ‘Estamos invitados a tomar el té’ tiene mensajes subliminales! “La tetera es de porcelana pero no se ve” es un claro mensaje a favor de los alucinógenos, ee…
M: ¡Subliminales no, son muy directos! “La leche tiene frío, YO la abrigaré, le pondré un sobretodo MÍO”. ¡Cuánto egocentrismo! Es evidente que la leche es de familia humilde, no tiene abrigo, y María Elena trata de evidenciar su “bondad” prestándole un sobretodo, que además le queda largo (“hasta los pies”). ¿Por qué no lucha por una sociedad donde la leche no tenga frío en vez de hacerse la madre Teresa?
V: JAJAJAJAJAA DONDE LA LECHE NO TENGA FRIO JAJAJAJAJAJ
• • • 22 de enero de 2009 • • •
V: Está usted disponible, licenciado?
M: ¿Para la protagonista de mi próximo libro?
V: aaaa, va a ser una novela épica, con ladrones solitarios y agradables, monjas ninjas, dragones que bailan y espadas brillantes? Si es así, quiero ser la protagonista a toda costa!
(…)
V: Te estoy creyendo con toda la fuerza de mi corazón. Sos la única persona a la que le creo en este preciso momento. Si dejás de hablar, agarro un fusil sentimental y hago un desparramo. Pero yo leo, leo y me aferro a esas palabras azules con toda el alma.
M: Ahora no estás viendo tu ficha en el tablero desde afuera. Estás atoradísima en el lugar de la ficha, con poca visión global. En estos momentos, cualquier movida rápida es mala. Hasta ahora no hiciste nada malo. No lo arruines. No te desesperes. Apelo a tu enorme sensibilidad para entender que a veces está bien comerse una piña en honor a la justicia. “Nadie nos prometió un jardín de rosas: hablamos del peligro de estar vivos”.
V: Va a sonar re cursi esto. O sea, mal. Pero no sé qué habría hecho sin vos en este momento. No lo puedo creer, que de un día para otro entraras en mi vida y me ayudaras tanto, pero tanto. Sos único, Martín. Que pese a no conocernos face to face, me ayudes de verdad. Porque consuelo dan todos… pero ese consuelo así nomás, cusi cusa. El tuyo es un consuelo de alguien a quien de verdad le importa. Aaaaaai, no me van a alcanzar los caracteres para agradecértelo, nuncaa.
M: Si la única forma de estar con vos fuera escribirnos cartas con lápiz verde con poca punta, lo haría hasta el fin de los tiempos. Te quiero, flogger adolescente ninja con vestido a lunares.
V: Yo también te quiero, mi reportero, filósofo, ladrón inocente y futuro flogger. Gracias por ser así. Por dejarme ser así con vos. Por aaaai, por conocernos. Gracias a vos, al universo, a tooodos.
(…)
M: Si reviviera Belgrano y te viera, se moriría de nuevo.
V: Paraa, Belgrano creó la bandera, no? Podría haberle puesto más ondaa… o seaa, un poquito más de contraste! un fucsia, un verde loro. Esos son colores! eso grita: SOMOS LIBRES, SOMOS RE GLAAM. effeame, mundo!
M: jajajajajajajajjajaja. No podés existiiiiiiiir! Al menos le puso un emoticon en el medio.
V: un emoticon, me morii, jajajjajajjajaj
• • • 27 de enero de 2009 • • •
M: La eterna lucha entre nueve dedos manejados por mi cabeza que aceptan un “no hagas nada” y mi meñique, solitario, heroico, apuntalado por mi alma, que se escurre entre las grietas de la realidad para acercarse a la irreal, imposible, adictiva Vanina.
V: El mundo es de aquellos que se arriesgan, que siguen a su corazón (si es que los meñiques tienen uno) y que apuestan por llegar a ese tan ansiado 37 en escala de perfección. El mundo, señores, es de los dedos que jamás humillan a su deseo, en pos de la racionalidad. El mundo, en este momento, es de tu querido meñique.
M: Cada intento de comenzar una conversación normalita, simpática y pasajera se termina convirtiendo en un momento quirúrgico que (lo sé, lo tengo claro, lo asumo) me va a doler alguna vez, quizá mañana, quizá en una década.
• • • 5 de febrero de 2009 • • •
M: Hoy le contaba a Pablo sobre el casamiento de mi hermana, que será en septiembre. Y lo primero que me dice es “vas a ir con Vanina, ¿no?”. Y no pude qué decirle que no. Así que andá eligiendo vestido.
V: jkfhgjkfjkdghjfhgfkfhgjk . oh no! esas letras floggers no son suficientes! Bueno, sabés qué? Voy a hacer algo que no esperabas. DALE. TOMAAAA! Te acepto la propuesta.
M: jkfhgjkfjkdghjfhgfkfhgjk . ¿Esta es una promesa de esas que no se cumplen o es de meñique?
V: ES
DE
MEÑIQUE
M: Estoy 25 de 37.
(…)
V: Sos como un guerrillero que en medio de la batalla se agacha al lado de su compañero y le dice: bueno, decime… tus papás se separaron? es por eso que le tenés miedo al abandono? Si algún día, en otra vida, vamos a la guerra, haceme saber que vos sos Matt, el de la vida pasada.
M: Me gusta cuando estás contenta. Es como si el rojo de las letras brillara más lindo.
V: Es porque las escribo con sangre fresca de mis víctimas.
(…)
V: A veces parece que Liniers nos espió en nuestras conversaciones y se puso a dibujar las cosas que decimos. Son tan colgadas, tan colgadas, y a veces te dejan algo tan profundo.
M: Tengo que confesarte una adicción. ¿Estás asustada?
V: Un poco sí. Pero puedo manejarlo.
M: Algo parecido a lo que hace Liniers, pero con gente como Clark Kent.
V: para para para. me vas a decir que tu adicción son los comics? NAAH, TE DAS CUENTA…? ESTO YA ES… NAA. DEMASIADO. NANANANANANANA. NANANANANANANANANANANA. Te acordás que te dije que tenía algo para recomendarte hoy? Era Watchmen.
M: NANANANANANANANAANA.
V: AHORA ME ENTENDES? ESTO YA ES DEMASIADO. ¿Tenés Sandman?
M: Sueño, Delirio, Desespero, Muerte, Destrucción, Destino y Deseo. Los siete hermanos Endless.
V: AAAAIAIIII SIIIII Sos el mejooooor! Es poético, te das cuenta? como hablo de esto con mis amigas floggers? Nos quedan años y años para frekear!
M: ¡ESTOY 26 DE 37! El mundo, hoy, es maravilloso.
(Continuará)











